Comunidades rarámuri preservan semillas nativas como legado de sus ancestros
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Para las comunidades de la Sierra, conservar el maíz y otros cultivos nativos no solo significa asegurar la siembra, sino mantener una parte de lo que son como pueblo

Cuidar las semillas nativas es uno de los principales legados que las comunidades rarámuri de la Sierra reconocen como una encomienda de sus ancestros, siendo una práctica que buscan mantener vigente pese a las dificultades que enfrentan cada año para sacar adelante sus cultivos, principalmente ante las condiciones de sequía.
Así lo señaló María Luisa Bustillos Gardea, coordinadora de Asuntos Indígenas del municipio de Guachochi quien destacó que preservar semillas como el maíz y el frijol representa también conservar parte de la identidad cultural de los pueblos originarios.
María Luisa Bustillos, integrante de Asuntos Indígenas, explicó que una de las acciones que se realizan en las comunidades es el intercambio de semillas nativas, principalmente de maíz y frijol, con el propósito de continuar conservando aquellos cultivos que han sido mantenidos por generaciones.
Recordó que el año pasado la falta de lluvias dificultó la siembra en las comunidades, por lo que algunas familias tuvieron que sembrar tarde y parte de las semillas no logró germinar; posteriormente, las heladas alcanzaron algunas siembras, provocando la pérdida de semillas nativas.
Resaltó que conservar las semillas es importante porque el maíz ocupa un lugar central en la vida de los pueblos rarámuri debido a que está presente en las fiestas tradicionales, las ceremonias, la medicina y la alimentación, además de formar parte de bebidas tradicionales como el tesgüino.
“El maíz es todo para nosotros dentro de la cultura. Sin el maíz, pues se perdería lo que es la identidad cultural”, expresó.
Pero la relación con la semilla no termina en la cosecha debido a que comentó que en las comunidades todavía hay personas mayores que realizan ceremonias dentro de las milpas para proteger los cultivos y pedir por la lluvia, además de protección contra el granizo y las plagas.
Se trata de una forma de acompañar la siembra y de mantener la relación que los pueblos originarios tienen con la tierra. Estas prácticas también permiten que niñas, niños y jóvenes conozcan directamente las costumbres que sus abuelos y ancestros han conservado.
“Esta tarea de seguirla cuidando la traemos desde nuestros ancestros”, afirmó María Luisa, al destacar que actualmente existe el compromiso de que las nuevas generaciones continúen con la preservación de las semillas.
Por ello, manifestó que el intercambio de semillas no representa únicamente recuperar lo que se perdió en una temporada de siembra. Para las comunidades rarámuri significa mantener vivo un conocimiento heredado, conservar una forma de relacionarse con la tierra y procurar que el maíz siga “caminando” junto con las próximas generaciones.






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